Siempre he sido una persona a la que no le gusta empollar, soy más de números que de letras, por lo que siempre se me han dado bien las matemáticas. Me gusta jugar con ellas, es decir, cuando veo que hay fórmulas que aprenderse, no me las empollo y luego las escribo en la esquina del papel, sino que creo sonido, palabras, métodos para que me sean mucho más accesibles.
El día que nos tuvimos que...
Siempre he sido una persona a la que no le gusta empollar, soy más de números que de letras, por lo que siempre se me han dado bien las matemáticas. Me gusta jugar con ellas, es decir, cuando veo que hay fórmulas que aprenderse, no me las empollo y luego las escribo en la esquina del papel, sino que creo sonido, palabras, métodos para que me sean mucho más accesibles.
El día que nos tuvimos que estudiar la tabla períodica, algunos de mis compañeros buscaron canciones en youtube y otros se la empollaron. Empollar, empollar, empollar... Yo creé frases, conversaciones e incluso ví en ella nombres de países.
Así estudio y me gusta enseñar a estudiar, no a mi manera, sino a la manera más personal que uno tiene para entender las cosas. Ver los números como algo bonito, no como si fueran las pizarras de la universidad en pleno 1º de ESO.
El otro día, ví una publicación de un hombre que decía que la manera más eficaz, en un 95%, de entender y estudiar las cosas, es explicando lo estudiado a alguien.
Eso quiero conseguir. Que al final de todas y cada una de la clases, mis alumnos le den la vuelta a la tortilla. Que ellos sean mis profesores y yo su alumna. Que me puedan explicar con determinación lo que han entendido.
Ese es mi propósito. Hacerles crecer con las matemáticas de su lado. Que sean su herramienta en el bolsillo y por supuesto que dejen a la profesora del cole con la boca abierta al ver las notazas que saca.
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